lunes, 31 de diciembre de 2007

Por suerte, todos somos modelos de algo

¡¡Hola primores!! ¿¿Hubo un arte modelo 2007?? Desde mí mejor debería preguntarme ¿¿qué es una espectadora modelo 2007?? Hace rato que Barthes propuso como patrón-fantasma de renovación la dinámica de recambios del mundo de la moda. En aquella época, los intelectuales lo entendieron como una crítica. Leí no hace mucho el libro y lo entiendo más bien como una resignación. Todos somos modelos de algo.
Nuestra tarea es descubrir modelos de qué. Porque ese es un papel que te asignan los demás. Por más que intentes llevar las cosas hacia un punto, la marea de lo que esperan de vos te llevará hacia otro a veces muy distinto.
Nadie sabe qué es el arte modelo 2007. Nos pasamos días interminables tratando de ponernos de acuerdo. El año pasado me acuerdo que muchos decían “Belleza y Felicidad” termina como galería. Estos días vuelve a hablarse de lo mismo pero diferente: “Belleza y Felicidad ya no estará más en la esquina”.
La verdad es que me intriga esa melancolía precipitada. Porque al final Belleza y Felicidad continuó en el 2007 como galería, y hubo muestras rebuenas. Hasta es posible que mejores que las del 2006 y 2005. Tosto estuvo muy bien ¿¿entonces de qué estábamos hablando??

Ahora lo mismo. Otra vez la nostalgia. Porque apuesto a que Fernanda y los Tosto seguirán haciendo cosas increíbles, juntos o por separado.
Pasaron muchas cosas en este año, es verdad. Me animo a señalar una dirección que me impresionó y me interesa para el futuro y es Campopsí, la creación colectiva de ambientes. Porque lo abarcó todo: una respuesta a cómo intervenir el espacio, a crear formas de intercambio sin ninguna verticalidad, a mezclar con feliz impudicia todas las disciplinas, porque ya no importaba si eras pintora, cantante. videasta, performer, instalacionista o lo que sea. Porque estaban borrados los límites entre la instalación y el ambiente, porque fue realmente una obra colectiva sin la especulación que muchas veces encontramos en los denominados colectivos de artistas. Porque fue desprejuiciada, desprolija, hospitalaria, confusa y por sobre todo muy intensa.
Si tuviera que expresar un deseo diría que ojalá que el modelo 2008 del arte fueran muchos Campopsí, diferentes, con propuestas en muchas direcciones, pero con ese espíritu. Sin ninguna institución detrás. Absolutamente autogestionado.
Chicas haciendo lo que se les da la real gana.

Me siento reidentificada.

Gracias por acompañarme durante todo este año.
Los quiero mucho.
¡¡Hasta mañana o pasado!!

Kisses!!

viernes, 21 de diciembre de 2007

Este blog es como un estado mental o de ánimo y tu obra también

¡¡Hola!!
Si quiero enterarme de algo que sucedió en el mundo del arte que me interesa e incluso de otros a los que no pertenezco ¿¿qué hago?? Recurro a la Blogósfera. La verdad es que ésta no reemplaza al mundo del arte ni mucho menos. Pero nos permite estar informados.
Cada uno de nosotros tiene sus blogs favoritos. Lo mismo que sus fotologs y sus flickrs que suelen ser mucho más sabrosos que cualquier revista de arte. Cada vez me encuentro con más meta-blogs, blogs sobre blogs, blogs que son remixes de otros blogs, de forma similar a los programas sobre la tele que hay en la tele. Hay blogs que son tremendamente íntimos, o de comunicación abstracta, para un grupo cerrado. Otros, que quieren abarcarlo todo.
Los blogs que más me gustan son como un estado mental o de ánimo. En un mail reciente que todavía no contesté Leopoldo Estol me comentaba que me notaba más dispersa. Y ¡¡es cierto!! Cuando te proponés escribir todos los días o muy seguido estás obligada a escribir con quien sos ese día. Ese es tu material. Es que en un blog como éste una parte del material soy yo misma. No puedo evitarlo ni me interesa. Y si estoy dispersa, bueno, eso se nota.
Ahora bien, lo mismo pasa con tu obra. Lo que te pasa está en tu obra. Incluso en las obras más abstractas y formales. Siempre están presentes tus estados de ánimo y mentales.
Un amigo me contaba ayer de una obra de hace muchos años de Fernanda Laguna que era un escrito con fibras en una pared que decía “esto es lo más sincero que puedo hacer hoy”, o algo parecido.

Una obra es un noticiero indirecto (o no) sobre quienes somos cada día. Sobre lo que podemos y no podemos. Y en esto que somos se va colando el universo.
Quiero hoy hablar de una obra que admiro un montón y es el mejor ejemplo de lo que digo. Me refiero a una artista preciosa que se llama Juana Neumann. Juana llevó el gesto de lo que recién les contaba de Fernanda Laguna a una situación de intensidad sin límites.
La obra de Juana es un procesador de estados de ánimo y mentales. Todos los recursos de la sinceridad se dan cita en ella. ¿¿Quieren saber lo que es ser una chica?? ¿¿una mujer?? No es necesario leer sólo manifiestos feministas ni historias sobre las políticas de las mujeres. La obra de Juana Neumann es todo esto y más. Hay que mancarse estar en ese límite. En exponerse así.
Es una obra que debería ser mucho más visible. Que no es especuladora con las tendencias del momento. No es el tipo de obras que van a ser premiadas en un Petrobrás o Andreani ni un Chandon. Es un tipo de obra que de tan personal molesta. Es el tipo de obra que más me conmueven.
Cuando empecé a pensar este blog que estás leyendo pensé mucho en la obra de Juana. Realmente, si alguna vez leyéndome te hice acordar a ella, pues es que no lo estoy haciendo tan mal.
La diferencia es que el trip de Juana se dirige hacia su médula. Trata de captar su estado de la forma más pura. El mío casi siempre, salvo excepciones, es hacia el exterior, tratando de captar un estado del mundo en el que vivo, de graficar como me pega.
En mi deseo, Juana es mi gemela astral. Alguien que traza con mucha sensibilidad y talento un camino que me encantaría que fuera paralelo a esto que estoy tratando de hacer.

jueves, 20 de diciembre de 2007

La contemporaneidad cambia todo el tiempo

Hay muchas formas de vivir la contemporaneidad. Porque la verdad es que lo contemporáneo es una categoría histórica y también cultural en la que estamos inmersos. Yo quiero analizar ahora algo que voy a llamar contemporaneidad íntima. Porque para que una obra sea contemporánea no basta con haber sido realizada en un momento determinado, sino que es necesario que sea reconocida como tal. Esa es la cuestión ¿¿por quién??
Pienso en Belleza y Felicidad, en Appetite, en lo que hicieron las chicas que se denominaron a si mismas Campopsí en la que fue a mi entender la mejor exhibición del año: es animarse con un tipo de obra, apostar a una manera de hacer y sostenerla con una actitud.
Para mí eso es producir contemporaneidad. Cada época tiene su sensibilidad y a partir de ella una búsqueda definida. Hay una diferencia abismal entre novedad, originalidad y subjetividad. Son todas cosas diferentes. Una obra provoca una subjetividad diferenciada. Me importa nada si una obra es original, porque en verdad toda obra está realizada con materiales que ya utilizaron otros artistas. Los críticos y los artistas de edad insisten mucho con eso, con lo novedoso. Una subjetividad intensa es mucho mas necesaria.
¿¿Pero qué es una subjetividad intensa?? Una forma de subjetivizarse en formas de alta comunicación. Porque ese es otro de los puntos: cada época desarrolla un tipo de comunicación diferente.
Una sensibilidad especial hacia los objetos, las cosas.

Obras que den cuenta de una forma de ver, de sentir, de pensar. Nos toca convivir con un tipo de modas y de diseños particulares. De tendencias. Y frente a ellas tenemos que elegir, actuar, responder y dialogar.
Por ejemplo, Lula Mari elige un camino clásico. Busca más y más en sus imágenes repletas de un nuevo clasicismo. Un clasismo redefinido.
Flavia Da Rin también se vuelve cada día más clásica. Explora mundos muy diferentes para alimentar el suyo. La primera imagen de este blog fue una imagen de época de Flavia. Ser contemporánea para Flavia es cotejar muy sensiblemente todos los mundos que se le pasan por la cabeza, investigar en todas las épocas.
Leonel Pinola también es un viajero de mundos ajenos. Me siento muy identificada con su obra. Lo hace con mucha delicadeza, logra que obras del pasado ingresen al presente y obras ajenas se sumen a su visión. Para mí Leonel es un artista de arte relacional a la enésima potencia, porque nadie avanza hacia los demás con tanta delicadeza y humor.
Lo mas inmediato que tenemos es nuestra subjetividad. Pero hacer algo con ella no es fácil.
Por eso mismo es que resulta tan estimulante.

martes, 18 de diciembre de 2007

Soy re 007

Todavía es un año intenso, reintenso. Todavía no terminó, pero estamos en cuenta regresiva. Pienso en el primer post de Mao y Lenin y me parece muy lejano, como si me regresara del fondo de los tiempos. Todo un año en el que me atuve con toda la energía de la que fui capaz a la consigna de escribir todo lo que sentía, todo lo que pensaba llevando adelante una escritura que diera cuenta de una mirada lo más sincera, lo más analítica y lo más emocional. Porque tuve en claro desde la primera línea que escribí que mi forma de sentir era tan importante como mi forma de ver y pensar.
Pero por sobre todo un año de diálogos intensos. De mucho aprendizaje. Y no sólo aprendí bastante sobre mí, sino también sobre mucha gente. Y como era de esperar, no todo es malo, no todo es bueno.
Traté con todas mis fuerzas de no caer en mis propias trampas. De ser lo más independiente que pudiera. Porque cuando comenzás a entablar un diálogo intenso comienzan los pedidos, los reclamos. Y es verdad que resulta indispensable cuidar ese feedback. Pero no declinar jamás lo que tenemos ganas de hacer. Si tenía ganas de ir en una dirección, si realmente sentía eso, entonces adelante. Si vos podías acompañarme, si realmente me creías en ese giro, mi felicidad se volvía más completa.
Como no podía ser de otra forma, recibí muchas críticas. Que era muy mala y no tenía piedad con lo que no estaba de acuerdo, que me gustaban muchas cosas distintas, que siempre soy muy entusiasta, que no circulo, que me reservo demasiado en vez de reunirme con todos mis lectores, que soy una vaga, a veces, a la hora de contestar mails.
Y todo eso es cierto. Tuve que aprender a avanzar con todas mis dificultades. Reconozco ser patológicamente tímida. Mi analista me reprocha cierto celo excesivo. Y también una marcada tendencia a complacer. Escribir es generar una distancia y poder regularla. Me sirve. Estar cerca y comunicarme de una forma tan intensa sin perder la calma, sintiéndome bien.
No voy a hacer resumen de lo que vi porque no creo en los resúmenes. Puse mucho empeño por acercarme a lo que me interesaba sin dilapidar nada la complejidad de la situación. Si me equivoqué y sé que lo hice muchas veces fue con todas mis ganas. Dije todo cuanto quería decir y así seguirá siendo.
Empieza a terminar el año y estoy con más pilas que nunca. Voy a hacer un viaje. Voy a limpiar mi cabeza. Voy a encontrarme y perderme un millón de veces.
En mi vida, 2007 será el año en que mis papelitos tomaron estado público. En el que mis textos crearon lazos. En el que hice todo lo que quise. En el que tuve sacudones como nunca había tenido.
Y lo bueno de todo, para bien y para mal, es que todavía no terminó.
Todavía me quedan cosas por hacer.
Los quiero.
Una vez más, muchas gracias.
Kisses.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Tu interés no es tu utilidad ni hace falta que lo sea

Pensaba que me encantan los relatos de viajeros. Ya sea por el mar, por galaxias lejanas, por tierras exóticas y desconocidas. Pensaba que en otras épocas el viajero realizaba su travesía para descubrir personaje extraños, que nada se parecieran a él. Y creo que ahora es al revés, que lo que hago es construir un interminable periplo por los territorios del arte, que como una hermana Princesa del Principito de Saint-Exupéry voy descubriendo planetas que se parecen mucho a mí. Y lo cierto es que no quiero, de ninguna manera, que se parezcan mas a mi, influirlos con mi forma de ser. Al revés, me encanta saber que puedo ser diferente, que mi sensibilidad puede ser como la desarrollada en cada uno de esos planetas.
Y en este punto advierto la diferencia. Todos somos viajeros, pero nos comportamos distinto con nuestros anfitriones. Hay quienes ven en la tarea del otro la posibilidad de entablar contacto con algo que le es útil. Por eso es que piensan al otro como una continuidad de su tarea.
Prefiero al revés, cuando nos reconocemos en la tarea del otro y queremos continuarla. Cuando dejamos de lado a nuestro yo y nos hundimos en una sensibilidad diferente. Cuando estamos realmente interesados en el otro pero no evaluamos si no es útil o no.
A veces creo que estoy reescribiendo algunos capítulos del libro de Saint-Exupéry en otro estilo.

Pienso ahora en las pinturas de Carla Benedetti. Pienso que una pintura, como cualquier obra, es una oportunidad maravillosa para que otro nos explore. Claro que si, una obra es un espacio de exploración mutua: estos chicos retratados atravesaron la sensibilidad de Carla y Carla pudo encontrase en su forma, pudo ingresar a su imagen desde su manera de ver la vida.
Y es emocionante cuando esto sucede. Cuando no está pensando en el otro de acuerdo a tu interés. Cuando no lo estás exigiendo al otro que te de la clave que necesitás, cuando el otro no es un trampolín, cuando no tiene que reafirmar tu lugar dentro de la tribu.
Cuando el otro es un camino de conocimiento. No sólo mental, sino también y por sobre todo conocimiento afectivo.
¿¿Es muy pretencioso reclamarle afecto al arte?? Si es así, soy repretenciosa porque es lo que mas me interesa. Entiendo al arte como una investigación no utilitaria del afecto por medio de la sensibilidad, mediante la construcción de imágenes u objetos.
La sabiduría de un artista radica en de qué modo recorre los afectos ajenos y aprende de ellos. Esto no es una fórmula, es mi deseo.

Cuando escribo sobre ustedes es porque necesito recorrer sus sensibilidades.
Del resto que se encarguen los críticos de arte.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Mientras



No me interesa saber qué es arte
Sólo estar ahí cuando sucede
Mientras sucede
No importa cuando
Siempre aparece y es distinto
Incluso cuando parece que es igual.
Nunca lo es.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

La elección es como un mueble

Siempre se te exige una conducta. ¿¿Quién?? Los que necesitan sostenerse. ¿¿Cómo es eso?? Es que elegimos según una función propia, aunque sea tácita, aunque no sea directa y evidente. Elegir a otro (al artista, a su obra) es elegir algo de uno mismo. Es reconocerse en la elección. Nunca se elige contra uno. Y el que diga lo contrario está mintiendo.
Lo que pasa es que a veces ese uno es un uno plural. Es un muchos. Es una pequeña tribu. Entonces la elección está sociabilizada. Le tiene que servir al grupo. La elección es como un mueble, siempre es funcional.
Cuando elijo obras y artistas para escribir estos post también estoy sumándome a una funcionalidad. Y es que modelo mi relación con el mundo, con mi sensibilidad y mis formas de comprensión en cada una de mis elecciones. Pero eso a veces no se entiende. Porque cada nueva elección que hacés, es funcional para una pequeña tribu y no para otra. Entonces resurgen los problemas del caciquerío. ¿¿Por qué elegiste esta vez a fulanito que no pertenece a nuestra tribu y si a aquella otra?? Cuando hacés una elección por fuera de la pequeña tribu comienzan las desconfianzas. Y eso no es sólo inevitable, sino que hasta está bueno.
No sólo tenemos que ver el bosque, sino también el valle. Y hasta por ahí bosque y valle compartan muchas mas cosas de las que les gustaría reconocer.
A Leandro Tartaglia, sobre quien estoy ahora escribiendo, le debo la contestación de un mail de hace mil años. En realidad no es al único al que le debo respuestas. Perdí el ritmo de contestar mails y mails. A fin de año siempre me pasa.

Las obras de Leandro se construyen siempre con otro sentido y otra percepción. Y eso es lo que mas me gusta. Hay que explorar todo el tiempo otros modos de ser consecuentes por fuera de la repetición.
El ojo está ahí, como siempre. Pero no necesariamente tiene que ser un monarca inflexible. Lo mismo que los sentidos (no los cinco sentidos, sino esa cuota de significados).
A veces es como una competencia. El ojo que todo lo ve tiene adversarios. Ahí están los oídos para diseñarle un paisaje tan rico o más. O el tacto. O la máquina ampliada de todos los sentidos juntos.
Huxley siguió a William Blake cuando pidió que abriéramos las puertas de nuestra percepción. El arte puede ser una droga poderosísima.
Más poderosa que cualquier clan.
Los sentidos actúan todos juntos, pero es maravilloso cuando lo hacen como una pequeña tribu que se dispersa. El olfato allá, el tacto por aquí, lo audible por más allá.
Me gusta eso, la desbandada.
Hay que saber desbandarse.
Y que eso no constituya una falta de intensidad.
Sino más bien todo lo contrario.

jueves, 6 de diciembre de 2007

Una flor rara como un Panda

La estridencia cambia mucho, es decir, no siempre es una molestia. A veces buscamos la estridencia. Durante mucho tiempo los buenos modales del arte se comportaron con suma ambigüedad en su presencia. Por una parte, siempre estuvo de parte del mal gusto, de lo evitable, al menos que una causa importante la llamara a escena. El escándalo de un burgués en las vanguardias o la épica política por otro. Sin embargo, vivimos en una época de estridencias. Ni siquiera es privilegio de los medios, grandes o pequeños. Sino que hasta el boca a boca hoy resulta estridente. Por lo cual hay muchos cultores muy enérgicos de la anti-estridencia. No es fácil conseguir la anti-estridencia, aunque la cultivemos mucho. Es una flor rara. Re-rara.
La estridencia es la regla. Incluso en el susurro. Debe decir mucho y ya. Todo junto y ya. Todo debe verse ya, hacerse notar ya, robar cámara ya. Si eso no resulta, la sombra del fracaso sobrevuela.
Es muy común escuchar a un artista decir “me fue muy bien con la muestra; salieron tres notas y fue mucha gente”. Siempre los números, las estadísticas. Incluso el marketing de la resta; mucho de lo póvera y trash es eso: el otro estruendo.
Por eso necesito rendirle homenaje a los que escapan de la lógica de lo estridente. Necesito contarles de u proyecto que me alucina, porque es la multiplicación de la falta de estridencias. Un proyecto de sumatoria de artistas que no necesita del logo de las grandes multinacionales o de fundaciones extranjeras. Un proyecto calmo, preciso y contundente.

Sí, tal cual. Necesito hablarles del Proyecto Panda.
Es multiplicante sin necesitar ser una máquina infladora de egos. Por ejemplo, acerco a este post obras de Celina Hilbert y Carolina Colmenero.
¡¡Es tan bueno encontrarse con propuestas tan sensibles que no vengan recomendadas una y otra vez en los suplementos y ferias y premios!! ¡¡Es tan bueno saber que hay gente tan copada haciendo sus obras sin necesidad de pasear sus figurones de artistas en cada inauguración del circuito más fashion!!
El Proyecto Panda simplemente exhibe.
Pone en escena artistas que no corren detrás de la estridencia. Que encuentran otros medios mas amables. Que no necesitan bajarse de ningún carro porque jamás se subieron a ninguno.
No es fácil dar con ellos. Hay que buscarlos, muchas veces no están en el lugar más indicado.
Bueno, ahora sí. Ya lo sabemos.
Están todos reunidos en Panda.
Por suerte para todos.

martes, 4 de diciembre de 2007

Aprender a escaparse del manual


¿¿Qué tiene más importancia, la obra o el artista?? ¿¿Cómo se mide eso?? ¿¿Dónde empieza y dónde termina una obra?? ¿¿Cómo se manifiesta un artista?? No existe obra que no esté cargada de subjetividad. Del mismo modo que no existe un estilo impersonal. Cuando uno piensa en un estilo piensa en una obra y una obra no es otra cosa que una subjetividad puesta en escena. Una forma de hacer las cosas. Porque subjetividad no es “contar el cuentito” de cuando éramos chiquitos y qué nos pasó y qué nos dolió y bla, bla, bla. Subjetividad es realizar las cosas de una forma y jamás de otra. Es diferenciarnos. Aunque no sepamos absolutamente nada de una biografía.
Ahora ¿¿por qué simular que no se tiene estilo cuando una está escribiendo sobre un artista?? Hay gente a la que conocemos por su lugar de poder. Porque una de las formas de sentar una subjetividad es a través de la detentación del poder. Lo otro viene después. Es esa conjunción: tal persona que “defiende” a tal artista pertenece a tal diario, a tal institución.
Ahora bien ¿¿qué escribe, sobre qué escribe??

Hay teóricos de manual. Protocolares, prolijos, previsibles. Chicos educados. ¿¿Se acuerdan que hace dos o tres años había quienes repetían todo el tiempo “yo soy profesional porque me eduqué en tal escuela de los Estados Unidos”??
Desde el primero de los post pensé mucho en esto. En una crítica que fuera punk sin resultar jamás quejosa, que fuera potente sin perder ternura. Porque a mi me interesa que lo que escribo no pierda ni ternura ni potencia. Ternura en el sentido de una forma de relacionarme que me interese. Porque nada me interesa escribir un texto como si estuviera dando una lección en el frente. ¿¿Vieron que hay críticos que escriben como si estuvieran rindiendo un examen en el CBC?? No me gustan nada.
Yo no creo que escribir sobre arte sea menos importante que hacer arte. Eso podía pensarse hace unas décadas atrás, pero hoy es ridículo. Por lo mismo, para mi este blog es mi obra. A muchos artistas les encanta que los que escriben sobre arte tengan un status inferior. Pues bien, mis amigos, no cuenten conmigo. Ni mejor ni peor, es otra cosa.

Es otro tipo de obra. Otro formato. Como si alguien me dijera que la pintura es más importante que la fotografía. No me interesa cómo puede haberse pensado la tarea de escribir sobre arte en el pasado. No me importa. Si me interesa saber qué es lo que siento yo ahora. Cómo puedo construir un diálogo.
Son pocos los que escriben sobre arte y se escapan del manual. El manual es lo que funda el escotoma. Porque son los modales de manual, el repetir tu legajo de poder el que anestesia tu sensibilidad y análisis.
No es fácil escaparse del manual. No es nada fácil fundar un espacio de voz, con tu propia voz. No es fácil decirle “fuck you” al reclamo de que tengas que rendir examen utilizando las normas de manual.
Es un momento en el que más que nunca hay que defender la posibilidad de que la subjetividad sea el mayor arma política. La mayor guerra al manual, la mayor huida.
Si tenés ganas de escaparte, contá con mi compañía.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Enorme metástasis institucional del escotoma


No sólo es triste, es preocupante. Si la selección del último premio Petrobrás de Arte BA nos había resultado obvia y carente de todo riesgo, esta vez los síntomas predictivos resultan aún menos alentadores.
Un premio no es únicamente recompensar una tarea, sino descubrirla. La edición del premio en cuestión en este año que termina fue lamentable en ese sentido: no descubrimos nada, no aprendimos nada.
Que para el próximo año Arte BA, con presidente recién estrenado, haya designado a Fabián Lebenglik como responsable del premio además de lamentable es preocupante. Ya escribí bastante sobre el tema: Lebenglik jamás llegó a esta época. No puedo opinar nada sobre cómo puede haber sido su tarea en la década pasada, porque realmente no tengo elementos para decir, sería injusto y apresurado. Pero si es claro y muy comprobable que Lebenglik no entiende absolutamente nada de nada de la producción de esta última década. No sólo que no entiende, sino que es reaccionario al respecto.
Es un retroceso inmenso el que sufre Arte BA con esta designación. Y más triste aún porque entre los jurados que seleccionó el poseedor del escotoma más grande de la Argentina se encuentran dos talentos como María Gainza y Claudio Iglesias.

Ojalá no sean devorados por esta metástasis institucional del escotoma más célebre. Pero es difícil, porque estarán bajo su mirada que paradojalmente nada ve o nada quiere ver.
Este año, hasta dónde me enteré, no habrá Periférica y ahora esto. Las instituciones atraviesan una crisis sin precedentes.
María, Claudio: por favor, no se contaminen. Protéjanse. Sé que no es fácil, sé que será una tarea imposible, pero hagan algo.
Realmente me preocupa mucho, porque les toca rescatar un premio cuya organización ya venía en caída y ahora les toca cargar mochilas que serán más pesadas que el meteorito que aplastó al papa de Cattelan.
Es más, al lado del hombre-escotoma, ese meteorito me parece una caricia.
Por favor, los necesitamos íntegros.

Arte BA: REPROBADO.

viernes, 30 de noviembre de 2007

Si envejecés, disfrutalo

Ya no es nada más que lo que hacés, ni siquiera cómo lo hacés, aunque esto sea lo más importante. No, no me refiero a eso sino a cómo sostenés lo que hacés. Cómo sigue adelante tu proyecto cuando no es novedad, cuando ya lo conocen los que lo tenían que conocer, a los que podía interesarles.
Cuando comenzás con algo no es difícil generar expectativas. Porque una expectativa se funda en lo que aún no sucedió pero debe suceder. En lo que todavía no se resolvió. Entonces el interés aún se sostiene. Algo de lo que hiciste llamó la atención y tenés una mirada sobre vos. Pero esa mirada se cae pronto.
En el ambiente de las artes visuales más que en ningún otro. Para mucha gente el aburrimiento es sinónimo de cool. Cuando alguien dice “me aburro” hay quienes entienden que “está de vuelta”. Y en realidad suele ser todo lo contrario. ES QUE NO PUEDE SEGUIR.
Esta es mi definición: el que se aburre es el que no encontró el modo de seguir. El que se aburre quedó a mitad de camino. No es cool: es el que no te acompaña. Es el que ya no sabe cómo ver, cómo leer. Las personas que siempre necesitan empezar de cero, que se alimentan de la novedad, son las que no saben qué hacer con el transcurso del tiempo. Hay algo de Peter Pan en ellas. Del Nunca Jamás. Tienen miedo a envejecer.
Porque, y esta es mi segunda definición, el aburrimiento es el miedo a envejecer.
Acompañar a alguien en un proyecto no es decirle todo que sí. Para nada. Es entablar un diálogo. Vos elegís entablar un diálogo con la obra de un artista. Seguís lo que hace. Pero cuando decís “me aburro” cortás ese diálogo. Lo deshacés.
Porque una cosa es que no estés al tanto de algo porque no tuviste tiempo de informarte. Hay mucha oferta cultural y no podemos con todo.
Pero muy diferente es decir “me aburro”.

¡¡Y es que es verdad que nos aburrimos!! Pero si tus aburrimientos son crónicos, estás en problemas.
Recomencé mis post hace unos días con una alabanza al acompañar. Porque no importa a qué distancias sigas a alguien, con qué frecuencia, mientras lo acompañes.
Si no acompañás un proyecto, si tu miedo a envejecer corta el diálogo, algo precioso se pierde. Escribí esos post para festejar a y agradecer a aquellos que me siguen desde el principio. Que me apoyan.
Sostener un proyecto demanda mucha energía. Demasiada.

El aburrimiento es dejar de dar. Es muy grosso dejar de dar. Porque implica que alguna vez diste y luego decidiste que no dabas más. Por eso, está bueno saber qué damos y por qué damos. Lo digo en serio: a veces es preferible no dar.
No dar nada.


Sé fiel por lo menos a vos mismo.
Tené alguna remota idea de lo que das cuando lo das, y lo que quitás cuando dejás de darlo.

A mí me gusta saber que estás ahí.
No importa que tan distante.
Sé que estás.

jueves, 29 de noviembre de 2007

Genealogías del afecto por sobre todo

Un blog es un sitio de diálogo. Cada post que subo es el resultado de una charla, de un intercambio de mails, de una conversación telefónica. Un post para mí es lo que sigo hablando conmigo misma pero incorporando todo lo que fueron diciendo mis interlocutores. La escritura me va llevando a terrenos distintos, porque tiene ese poder de abrir las referencias, de poner en marcha un tiempo distinto. La escritura es una forma de experiencia y de pensamiento muy personal: estamos a solas con las palabras, con las mismas que usamos cuando hablábamos con nuestros amigos un rato antes, salvo que ahora prosiguen de otra manera.
Esto surge de un comentario que me hace Leonel Pinola. De un pedido a partir de algo que yo dije. Según las épocas, los interlocutores cambian. Se va construyendo un diálogo con muchos elementos. Con Leonel nos comunicamos por medio de nuestros blogs, como también sucede con otros tantos amigos. Los blogs piensan juntos.
Vamos tejiendo algo.
En un comentario, le dije a Pinola algo así como que existen genealogías del afecto y del reconocimiento pero también otras del poder y de la especulación.
Las genealogías son elementos de cercanía. Todo artista trata de saber de dónde viene, quién le acercó, quien le brindó y lo convidó con los materiales que usa para su obra. Materiales físicos o mentales o perceptivos o afectivos. A veces vienen de otros artistas cercanos en el espacio y en el tiempo. Pero a veces de creadores de otras épocas y sitios de los más diversos.
Una genealogía es la expresión de un deseo, privado o colectivo. Pero por sobre todo es generarse una defensa. Una vez leí que una herramienta bien empuñada se transformaba en un arma. Entonces una genealogía es un arma. Que sirve para protegernos.
¿¿De quién?? De un mundo complicado. Una genealogía es un refugio.
Pero también es todo lo contrario. Una genealogía puede ser un gran contrato de poder. De exclusión. Porque cualquier genealogía excluye. Deja a fuera. Enfría o desata vínculos.
Cuando los afectos quedan en segundo plano comienza la marketinización. Es lo que veo cada vez más. Cuando se trata de vender una obra como un producto más. Una genealogía puede ser casi una campaña publicitaria.
Entonces el afecto deja de serlo.
Se transforma en otra cosa.
El marketing tiene un objetivo que es el rédito frente a una difusión. Un rédito que queda en muy pocas manos.
Pensemos otra vez ¿¿quién traza las genealogías??
A veces está muy bueno que haya alguien de afuera que encuentre los lazos. Todos ganamos.
Pero el tema es cuando nos quieren convertir a nosotros, a lo que hacemos en un producto.
Fuck off!!
Como bien podría decir Leonel: una genealogía exige una alta fidelidad.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Una información única, pero también muy cuidada

Todos, cada uno de nosotros, está conformado en el intercambio con los demás. Aprendemos de nuestros compañeros, amigos, de la gente con los que compartimos intereses. Hay una información que está en el aire y es precisamente nuestra experiencia la que la vuelve única. Cada obra que hacemos se determina en un conjunto de decisiones que tomamos sobre esta información que nos rodea. Este es el punto: cada obra que hacemos tiene una información única. Una información afectiva, psíquica, formal, cultural. Y es una información que está protegida.
En los sesentas se creía que esa información podía manipularse de muchas formas. Hoy sabemos que la información la compartimos y la cuidamos.
Días atrás, en un post, escribí sobre los munditos del arte, sobre la elite. Y es que cada uno de esos munditos o elites cuida una información. La hace circular con afecto entre un grupo de artistas que finalmente la usa.
Esa información circula en el boca a boca, en los libros que nos prestamos, en las muestras que vemos juntos, en las recomendaciones que nos hacemos, en los blogs que leemos, en los pensamientos que escribimos juntos.
Hay tanta urgencia… vivimos tan a 1000… no paramos y la información no para, sigue, va de acá para allá.
Y viene de cualquier lado. Antes eran las revistas las que nos informaban. Y los libros. Hoy no: es Internet, cosas que sacamos de acá y allá. A los libros y las revistas les sumamos otras cosas. Somos parte de una generación que crece con la web. Aunque pintemos o dibujemos y no tengamos nada que ver con el arte digital.
Cada obra que hacemos comparte una información. Hay obras que son imperativas: tenés que conectarte con ellas de una sola manera. Por suerte, también existen las otras, más amplias.
Ojo: no hablo de estética relacional. Hablo del afecto con el que construímos y hacemos circular la información que después usamos. Después o simultáneamente.
Los artistas crean formas sensibles, perceptivas, conceptuales para que la circulación gire y tenga su momento.
En otra época había gente que era poseedora de una información que valía o era considerada más importante. Pero eso ya no existe. Cualquier información puede ser la materia prima para una obra maestra o una obra menor.
Hablamos de arte. Y todo lo que hablamos y compartimos, termina en nuestra obra. Cada obra que conocemos no es otra cosa que una versión personal de esa información que es el audio y la materia de una época.
Por eso cuidamos eso que construimos, ese intercambio que es el material con el que hacemos nuestras cosas.
Cuidemos nuestros munditos, nuestra elite que nada tiene de elitista en el sentido mas tradicional y conservador. Cuidemos lo que compartimos.

martes, 27 de noviembre de 2007

Olvidate de crear tu mito

Yendo un poco más allá de lo que escribí antes, un grupo de arte, un pequeño mundo, es una célula siempre en vías de expansión. Porque lo que nosotros conocemos como mundo del arte en su dimensión más amplia es un gran muestrario de estos pequeños mundos y sus dinámicas, de sus interinfluencias y movimientos.
Las chicas de Campopsí son un mundo del arte conformado por el cruce de otros pequeños mundos. Porque ahí hay mundo hipnoflauta, como mundo Forrito Privado, además de otras circulaciones. Porque cada pequeño mundo lleva en su genética la historia de una circulación.
Me encanta cuando el artista en vez de mitificar o mitologizar esa circulación, o peor aún, dejar que la administre un historiador o una fundación, boicotea esa narración. Pienso en Duchamp, en Beuys: hicieron todo lo contrario que cultivar el currículum esmerado. Por el contrario, sólo confiaban en el silencio que una obra o acción podía disparar. En los sentidos que se acumulaban en la cabeza y los recuerdos de cada espectador. Porque todo espectador es un gran archivo de recuerdos que pone en marcha cuando una vez mas está frente a una obra que no conocía.
Un mundo es una sumatoria de partes que comienza a agotarse cuando se institucionaliza. Digo esto porque el mayor peligro, la mayor amenaza que un pequeño mundo del arte debe afrontar es su institucionalización. Cuando quieren que fiches lo tuyo como un empleado ficha en una fábrica, cuando ya tenés bien claro y podés explicar perfectamente y repetir una y otra vez cuál es tu lugar en el expandido mundo del arte, ya estás en problemas.
Porque cada artista es un universo portátil en movimiento. Y de lo que puede hablar en su mayor sinceridad es sobre las oscilaciones de ese avance, de ese ir hacia una meta que siempre muta.
No me gustan los archivos sobre artistas cuando se parecen a un book para curadores extranjeros que necesitan todo servido porque están en la ciudad unas horas y necesitan que les expliques todo rápido y según sus necesidades.
Lo que un pequeño mundo debería transmitir, o lo que a mi me gusta mas que me transmita, es un deseo de pertenencia. Es lo mismo que sucede con una buena banda. Te decís ¡¡qué bueno que sería pertenecer a ese grupo, estar tocando y cantando con ellos!!
A mí me gustaría, por ejemplo, formar parte de Campopsí.
Creo que ese fue uno de los grandes aciertos de Appetite: desde afuera se veía un grupo muy interesante de chicos en sus trips creativos y enseguida te daban ganas de pertenecer a él, de obtener las claves de su complicidad.
Porque veías en ese movimiento algo espontáneo, algo no digitado al estilo Operación Triunfo. Porque en el mundo del arte cada tanto aparece una Operación Triunfo, que finalmente es como una Matrix que absorbe la energía de los artistas más jóvenes.

PD: Quiero agradecerles mucho pero mucho el interés que demuestran en lo que hago. Está última semana las visitas al blog se cuatriplicaron.
La más inmensa de las felicidades.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Falta

Extraño a María Gainza. Mucho. Cuando la leía en Página 12 había cosas de su escritura que me distanciaban un poco. Les decía a mis amigos: tiene un estilo muy prolijo. No la conozco personalmente y puedo imaginarme que ella es así. La escritura, como cualquier otra forma de comunicación, nos lo dice todo o casi todo sobre la persona que la practica. María siembra sus textos con citas de buen gusto, en un tono culto y agradable que jamás es altisonante. Pero por sobre todo tiene una gran amplitud de visión. Es una chica clásica.
María es un oasis frente a tanta glosa monográfica. A mi me aburre bastante la escritura que viene de lado de la historia del arte cuando se trata de avanzar sobre producciones contemporáneas. Ni me da gracia. Me gusta esa escritura de historiadores cuando se ocupan de objetos históricos. Y no me gusta nada la escritura que viene de las ciencias sociales. Debe ser porque hice un año de ciencias sociales y me inmunizó para siempre de ese tipo de escritura.
En general no me engancho nada con cómo escribe la gente en los suplementos y diarios. Ese tipo de escritura periodística cultural está llena de lugares comunes de escritura. ¿¿Vieron que siempre hablan de la misma gente, de las mismas muestras, con las mismas palabras y los mismos ejemplos??
Leo Estol no es el caso. Es un artista que me encanta, es un divino total, es mi amigo, pero lo que escribe en Radar sigue sin llenarme. Una escritura tiene que acercarme elementos que me abran a nuevas lecturas. Y presentarme artistas que no conocía. Me gusta pensar al escritor de arte como un explorador que hace de su visión de arte una aventura. Que para ver artistas que conocemos poco o no conocemos se entrometa con una escritura que nos sorprenda. Que no sepamos de donde viene.
Leo: la nota de ayer de Radar una vez más estuvo bien, fue correcta, me encantan las artistas de las que hablás, son de mis favoritas. Pero hay algo que no termina de ponerse en marcha. Lo que en tus obras funciona a las mil maravillas, lo que en tus instalaciones es riesgo, elegancia, provocación, sensibilidad e inteligencia en tu escritura se vuelve convención. Por más que vos te diviertas y aprendas mucho escribiendo. Eso no tiene nada que ver.
A las chicas seguramente les encantó la nota: se merecen estar en la página central de Radar. Lebenglik, con su escotoma monumental, jamás las recibiría en las suyas. Al menos no ahora.
Tu escritura funciona a la perfección como una continuación-expansión de tus obras. En ese sentido está rebuena. Pero en las páginas centrales de un suplemento como Radar, sobre todo con esa continuidad, en vez de agrandar tu visión la va achicando.
A las chicas Campopsi, todas alucinantes, les sirve como difusión.
Pero hubiera sido genial que no quedara sólo en eso. Una muestra tan buena como la que nos regalaron merecía otra cosa.
Y vos, Leo, también.

sábado, 24 de noviembre de 2007

Mi mundito privado

Detesto la palabra “mundillo”. Jamás la usé ni nunca la usaría. Primero porque el “illo” me resulta ridículo en boca de una porteña. Más bien nosotros deberíamos decir “el mundito”. Somos mucho más “ito” que “illo”. Lo que no me suena mal en boca de un madrileño sí me molesta mucho en la boca de alguien que vive en mi ciudad o en este país. Pero por sobre todo me molesta esa idea peyorativa sobre una elite de pequeño mundo. Porque todos tenemos nuestra propia elite y no creo que eso esté mal. Todo lo contrario.
En Buenos Aires está lleno de pequeñas elites. Todas interconectadas por alguno de sus integrantes. Claro, son conjuntos móviles, de gente con hábitos muchas veces migratorios: pasan de una a otra o pertenecen a más de una.
Tengo mis favoritas: Appetite es una galería, pero también es un cuerpo de elite. Un mundito. Los chicos del Forrito Privado de Diana Aisenberg también son una elite. Florencia Braga Menéndez siempre tuvo en su cabeza, por lo que me cuentan, la idea de conformar un grupo potente más que un staff. Los colectivos de arte, como el grupo Etcétera, o los geniales Provisorio Permanente, o los Oligatega Numeric, por sólo nombrar los tres que me vienen primero a la mente, son un mundito, una elite. Los chicos de la revista Planta son una elite, como lo eran los de Juliana Periodista o lo son los Éxito, que por otra parte no sé si siguen existiendo como grupo.

Esto por ahí es polémico, pero para mi una elite es un mundito. Y que en el diminutivo no se lea, al menos de mi parte, algo peyorativo. No, quiero decir exactamente eso: un mundo pequeño, como los planetas del Principito. Además, adoro los diminutivos, aunque muchos de mis amigos poetas lo detesten.
Tuve la suerte de tener mi habitación, mi pieza para mi sola durante muchos años, mientras viví en casa con mamá. Y a mi habitación no entraba cualquiera. Era como mostrarle mi corazón, mi intimidad. Los que entraban a mi habitación eran mi mundito. La gente de tu mundito tiene una contraseña. Pero no porque necesitemos ser una secta o algo secreto. Los munditos son todo lo contrario, son muy visibles. A los que formamos parte de cada mundito nos gusta que nos vean con los otros integrantes de nuestro mundito y nos coloquen en una misma unidad de pertenencia.
Los chicos de la Beca Kuitca fueron conformando varios munditos y submunditos.
Un momento histórico se mide y se narra por sus munditos. Por cómo se formaron. Por como subsisten. Por las relaciones que crean.
Alta Fidelidad, el blog de Leonel Pinola, también está estructurado de munditos. Pero en este caso por artistas de distintas generaciones. Eso es otra cosa. Lo que yo llamo mundito son a todos aquellos que se reúnen habitualmente como una banda, por más internas que existan entre ellos (siempre tenés un amigo o amiga que no se soporta con otro amiga o amigo tuyo).
Vos tenés también tu mundito. Pensalo medio minuto y tendrás su geografía y demografía.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Cinco

¿¿Por qué nos detenemos en algunas preguntas?? Creo que cada uno de nosotros debería formular cinco buenas preguntas en su vida. Me acuerdo ahora de un poeta punk amigo de Richard Hell (¡¡pero no recuerdo el nombre!!) que se propuso corregir toda su vida los mismos 5 únicos poemas. Su libro cambiaba todo el tiempo de forma, pero eran siempre los mismos 5 conjuntos de versos. Me propongo 5 porque es uno de mis números favoritos, pero la cantidad puede variar en cada uno.
Para algunos la pregunta pasa por la belleza. En otros por ahí pasará por la intensidad. En otros por lo inexplicable. En otro por la naturaleza del amor en una obra. Y a partir de esta pregunta se van formando selvas de otras preguntas que vienen luego.
Con cada obra entablamos un diálogo y no puede existir diálogo sin interrogaciones.
Por ahí nos pasamos la vida girando alrededor de las mismas 5 imágenes. De las mismas 5 sensaciones. Como si fueran cinco moldes que después se repiten. Como se repiten las octavas en un instrumento según las alturas. Las 5 mismas imágenes después se repiten pero a distintas alturas.

Amo estas imágenes de David Nahon. Me tocan en lo mas profundo. Hay en ellas toda una historia condensada. Porque una de mis cinco interrogaciones nace de esto ¿¿adónde está todo el resto del relato cuando no está en el relato??
Una imagen nos abre a miles de interrogantes. De distinta suerte.
¿¿Adónde va la chica de la moto?? ¿¿En qué año fue sacada?? ¿¿Los dos ratones son novios o posaron el beso sólo para la foto??
Todo espectador tiene que tomar direcciones con respecto a lo que la imagen le dice. Tiene que articular su propia historia, en su propio lenguaje.
Me aburre profundamente cuando dos personas dicen cosas parecidas de una misma obra.
David Nahon escribe textos que suman un nuevo universo a la imagen fotográfica, al punto que una no sabe si las fotos acompañan al texto o al revés.
O un poco y un poco.
Pero en todos los casos persiste una fuerte sensación de vida intensa. Eso me gusta.
Les contaba que cada día me aburre más leer sobre arte.
Uno encuentra arte por fuera de las escrituras de arte.
Es un camino lento y complicado.
Pero también es el mejor.
Dar con el blanco cuando menos lo esperabas.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Confitada de interrogantes

No quiero tematizar nada. Ni siquiera a la pintura misma. Ni señalar un aspecto social o indagar en cómo podrá desandarse el camino de mi creación. Nada me interesa ahora, salvo el juego. A veces querés ser artista sólo para jugar, para crearte un universo. Es aburrido que te pidan que resumas en una frase el objeto de tu obra. No sé. O sí: es crear un territorio de juego. A veces querés ser artista para no pensar. Para sentir y percibir más intensamente, pero no para pensar, sino para escaparte de la palabra. Querés tener cabeza de oso. Como en los cuadros de Federico Fernández.
¿¿Por qué el artista no debe confiar en su imagen?? ¿¿Por qué tiene que hablar de su proyecto como si se tratara de un trámite??
Tampoco sé cuál es mi objeto. También tengo cabeza de oso. No sé bien por qué digo esto. Seguramente para crearme preguntas.
Yo visto a las obras de palabras. Las obras invitan a rodearlas de palabras, pero no piden nada. Sólo invitan. Y a mi me gusta vestir.
Vestir de palabras a una obra es dispararle sentidos. Confitarla de interrogantes.
No sé sobre qué tengo que escribir. Sé que necesito establecer el diálogo. Esta vez son estas pinturas con cabeza de oso, que me hacen sentir la cabeza en su lugar.
Lo que me aburre de la gran mayoría de las cosas que leo sobre arte es que todos saben de antemano todos los misterios que encierra una obra. Y no se pregunta nada. O poco.

¿¿Qué se pregunta un niño con cabeza de oso?? No tengo ni idea. Por eso escribo. Escribo sobre la construcción de las visiones.
Porque para mi una obra, sea cual sea la forma, termina convirtiéndose en una visión compartida. Dos personas o más (artistas y espectadores) observado lo mismo. Pero que genial cuando eso observado es un descubrimiento conjunto.
Nada me da mas placer que cuando un artista me dice “descubriste algo en mi obra que yo intuía que estaba pero necesitaba tus palabras”.
Lo que hago es interrogar. Interrogar a la visión con una inflexión de visión distinta. Mis palabras son imágenes en otros trazos. Aunque leas estas frases en una pantalla, desde un blog: sigo dibujando letras con las teclas.
Está muy bueno que no sepas. Que avances. Que creas en vos.
Compartimos una visión.
Ya te imaginás cual es.
¡Sí! Exactamente esa.
Acertaste.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Mientras tanto, acaso

Ampliar el conocimiento por los sentidos. Acrecentar los sentidos de los sentidos. Hay momentos en que la vida simplemente nos parece más profunda, extensa, intensa. En que la cotidianeidad nos hace especiales y experimentamos un ida y vuelta con el mundo que nos sacude en silencio. ¿¿Cuál es el disparador?? Lo que una imagen o un objeto o una situación nos provocan. El arte comienza cuando sabemos recibir ese estado. Pero también continua cuando ese estado no está, cuando se fue y sin embargo sabemos que existe, que fue nuestro, que fue genial. Todo el resto del tiempo, cuando la rutina nos hace olvidarnos o relega en un segundo plano de vértigo lo que realmente queremos también debemos sostener al arte. Es cierto, ya lo sé: el arte se sostiene solo, no necesita que nadie lo sostenga.
¿¿Pero realmente es así??
Tantas veces cuesta tanto sostener la voluntad, es tan difícil. Realmente estamos hartos, agotados. Ya no queremos más.
Y sin embargo algo nos mueve a seguir. Sabemos que no podemos detenernos. Que simplemente no podemos. Que aún en el aburrimiento tenemos que seguir, insistir.
Es una continuidad que luego rearticulamos a nuestro modo. Pero todos esos momentos están. Todos esos instantes que llenan espacio en nuestro disco rígido y que jamás nombraríamos en una reunión social.

Pero que si compartiríamos con nuestros cómplices. Porque nuestros cómplices son los que pueden sumergirse en la sensación. Son los que no necesitan explicación.
Elijo esta dos fotos entre otras tantas. Son de Yanina Szalkowicz. De su fotolog, Fotos sociales. Son contraseñas abiertas al mundo.
Es nuestro mundo. Podría ser también el mundo de otros. Son los momentos lazos que abren a los sentidos de los sentidos.
Gestos, ambientes, respiraciones, luces, todo se multiplica. Nos detenemos en los detalles. Es genial descubrir todo lo que no habíamos podido percibir en el momento mismo. Como cuando escuchamos una canción por centésima vez y seguimos descubriendo matices, reverberaciones.
Todos esos nanosegundos que sumados son el andamiaje de los días. Esos nanosegundos, millones de ellos, en los que debimos soportar al arte sin tenerlo presente. En el que el arte fue generoso con nosotros.
Porque sos artista cada momento de tu vida.
No hay un momento en el que no lo seas.
Es el infatigable “mientras tanto” que es un conjunto gigantesco de nuestras vidas.
En el que seguimos ampliando el mundo y el mundo se amplió con nosotros.
En un camino que hace de nosotros estos que somos.
Y todos los que seremos.
También.

martes, 20 de noviembre de 2007

Más sobre mis complices, los interlocutores visuales

Lo que quiero hacer, si es que me propongo algo específico, es descubrir zonas, espacios de afecto y visión a partir de mi viaje de palabras. César Aira tiene ese método del desbocamiento de frases: escribe algo, lo que sea, lo que le sale, y en vez de ponerse a corregir intenta corregir en una nueva página, con más frases. Corrige para delante. Como si en vez de insistir con tu mismo dibujo hicieras otro dibujo nuevo para remediar al anterior y este nuevo dibujo formara parte del dibujo inicial. Hago algo parecido. Estoy descubriendo que necesito descubrir afectos con la mirada. Claro que la mirada que entrenamos es como una mirada de rayos X, que ve mas allá de las cosas. Es una mirada semiológica, una mirada que ya viene cargadísima. Y esa mirada afectuosa, que necesita cargarse de emociones, todo el tiempo va descubriendo zonas. Si escribí el post anterior fue porque necesité decir que mi mirada no es sólo mía, que es una mirada que se sostiene en la mirada de otros a quienes quiero y necesito. De la misma manera en que seguramente mi mirada está presente, invitada, en la mirada de quienes son mis interlocutores visuales.
Digo esto que me parece muy importante porque estoy HARTA, sí HARTA del circuito del arte en Buenos Aires. Muy HARTA. Entonces, en vez de quejarme por todo lo que no me da afecto, lo que hago es pensar empíricamente. Esmerarme en el trazado de mi mundo portátil.
Cada uno de nosotros tiene un mundo. Que es como un jardín. Es el sitio donde cultivamos las especies que mas nos gustan. Las plantas y flores de mi jardín son miradas. Miradas que construyo en diálogo con otros. Sin ampararme en ningún bando. Es una zona de intercambio de afectos visuales.
Porque para vivir un mundo tenemos que ir viéndolo a medida que lo vivimos. Creando mas y mas miradas. Mi forma de mirar es escribir. Rodear mis afectos con palabras, darles nuevos nombres.
Repito algo que decía ayer: a todos nos gusta y mucho que nos hablen y bien de lo que hacemos. Pero es genial cuando podemos fundar un diálogo que vaya más allá de ese rastro de narcisismo. Cuando podemos ampliar nuestro mundo, nuestra mirada afectiva.
Mi mundo no será jamás una isla, aislada. Por el contrario, es como una nave que va de aquí para allá. Una nave living donde recibo amigos.
Es uno de esos edificios móviles de Adriana Minoliti.
Es un observatorio desde donde mandar señales a todo el universo.
Aprendo a ver mientras escribo. Mientras cuido a mis palabras. Mientras voy construyendo frases en las que intento sostenerme.
En la que no necesito especular con nada ni nadie.
Mientras que sigo navegando, cultivando las especies mas fabulosas.
Nuestro oxígeno.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Un post dedicado

Una cosa es “me gustó, no me gustó”, o mejor aún, el modelado de emociones, de adhesiones y disgustos, de antipatías y minuciosas indiferencias que van armando como si fuera un lento rasti el vínculo vital que me enlaza al arte.
Pero muy diferente es que todo el tiempo toque con la punta de mis dedos las posibilidades que me dan las palabras. Porque siempre quise que Mao y Lenin fuera un mundo de frases y pausas. Una lenta partida de ajedrez que juego con un ambiente, ese espacio que se define en las muestras que veo, en las obras que me hablan, en las respuestas y los constantes interrogantes que siembran en mi los artistas.
Ustedes ya lo saben, no creo en la objetividad. Como me dijo mi maestro en uno de sus últimos mails “objetividad es el nombre del pacto que ciertas personas realizan con las instituciones ventrílocuas que hablan desde ellas”.
Cada palabra debe sostenerme. Cada letra. Este es desafío cuando mis interlocutores son casi todos artistas que, siendo un poco maliciosa, puedo dividir en dos bandos o categorías: los que buscan rápido los nombres propios para ver si escribo de ellos y de su obra, y por sobre todo en qué términos me refiero a ellos en relación a colegas, amigos o contrincantes. Es una tipología muy extendida de artistas que, como yo, como todos, debe sostener su mundo. Entonces mentalmente se programa en un inventario de pertenencias y todo lo que no entra en ese inventario lo aburre.
Siempre preferí los mundos abiertos a los cerrados.
Resulta precioso obtener coincidencias, que mis intereses sean los de muchos o varios. Pero es algo que jamás forzaré. No me interesa ni podría. Si hay algo con lo que no me llevo nada, pero nada, es con la especulación.
Después están esos otros artistas y no artistas a los que les interesa un tema, ese algo por encima de los nombres. Que no están histéricos por estar al día sino que les interesa mas conectarse desde otro sitio.
Pues bien, cada vez mas habito en ese otro sitio.
También me canso, como todos.
Lula Mari me manda unas cartas relindas. Flavia Da Rin también. Es una copada absoluta. Cada tanto también lo hace Adri Minoliti. Leo Estol es un divino que me sostiene siempre.
La Chica Voladora me dice que siempre estoy presente y casi siempre le creo. Después están los que me escriben sólo cuando los nombro y los que me leen para ver qué leen sus amigos. Pero también están los que me leen porque les gusta que siga escribiendo. Como Daniela Luna que es como mi hermana lunar. Como Yamandú, que es mi hermano mayor. Como Rafa Cippolini, que es mi guía. O los que me leen en silencio pero están siempre presentes, como ese caramelo dulce que es Leonel Pinola, de quien me enamoré perdidamente cuando vi mi mochila en vivo y en directo en Belleza y Felicidad, en una de las mejores muestras del año. Ya ven, también tengo mi vanidad y autoestima, aunque ésta muchas veces sea una sombra que se arrastra.
Quería hacer un post dedicado a esta gente. Un post redemagógico adrede, porque es por ellos que sigo con este blog.
Por quienes mis palabras siguen su camino.
Quiero que este blog sea sólo una dedicatoria con muchas palabras.
Nada.
Quería decirles que los quiero.
Que ustedes también son Mao y Lenin.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Dos a creerse


De cualquier lado.
Un abogado al que le gustan los collages y termina interviniendo lo que debería ser un síntoma de la moda. Porque de eso quiero hablarles, de qué hacer con la moda. Pues ¡¡transformarla en arte!!
La moda no tiene por qué ser un arte en sí. Nada tiene por qué ser un arte en sí. Porque de esto también quiero hablarles: de por qué estoy en guerra con prejuzgar que un tipo de formato es pretendidamente artístico de antemano.
Roberto Padilla es abogado, les contaba. Si hay algo que no me gustan son los abogados. ¡¡Ahora soy yo la que prejuzgo!!
¿¿Cómo hacer para que ciertas manifestaciones no tengan porque sí una imputación artística de antemano?? No entiendo por qué un óleo sobre bastidor tiene que poseer mayores posibilidades de ser arte que un mantel encontrado en un mercado de pulgas. Para mí lo que vale es ese estado de poesía. Es algo que está en un espacio intenso de comunicación.
Y para que ese estado intenso sea arte tiene que venir alguien que nos diga “soy artista y esto que ves es arte”. Eso para empezar. Y luego alguien que lo vea y le crea “¡¡sí!! Eso que me mostrás es arte.”
Porque se necesitan las dos partes para tener esa convicción. El espectador sólo, por más poder que tenga, no puede transformar algo en arte. Y quien se diga artista, por más fe que se tenga, tampoco puede transmutar la materia en esa otra cosa sin la complicidad de alguien que le crea.

Nos olvidamos muy seguido de esto. De esta doble necesidad de creencia.
Es como en el amor: si dos se creen mutuamente, lo que opina el resto del mundo importa un pepino.
Antes de ese flechazo amoroso no existe nada. O lo que existe no tiene mucha importancia.
Cada generación crea su nuevo flechazo amoroso. Que dura mucho, poco o nada. Cuanto mejor el es espectador, cuanto más intenso, más suerte tiene el artista. Y al revés.
Se trata de una necesidad mutua.
Roberto recorta y hace de una vieja revistas de moda otra cosa. Una visión.
Pero necesita de nosotros, que le creemos. A veces los artistas se olvidan de que en el amor, como en el arte, siempre se necesitan dos. Los espectadores también nos olvidamos que una y otra vez es una elección mutua. El artista también nos elige.
Cuanto mejor haga su elección el artista, más potente será su suerte.

Dos ángeles de la guarda. Mutuos.
El artista lo tiene en su espectador favorito.
Y al revés.

miércoles, 31 de octubre de 2007

Como si fuera una new age de ácido pero sin químicos evidentes

En una época mi tía estaba hiperfan de la revista Uno Mismo y de otras publicaciones new age. Yo era chiquita, pero me vuelven imágenes como en sueños. Mi tía se esforzaba por ser buena onda incluso en situaciones en las que no daba para nada que lo fuera.
Con el tiempo admiro esa decisión, que me parece un proyecto muy grosso. Mi tía sigue diciendo “tenemos que conectarnos con aquello que nos da placer”.
Esta premisa me dejó perpleja varios días, después de no haberla recordado durante unos cuantos años.
Creo que nuestra generación tiene eso de encontrar el placer en el transcurrir permanente. No podemos no hacer. Siempre hacemos. A veces rebien, otras regulares e incluso desastrosas. Pero seguimos. Y aceptamos cada uno de esos pasos. Antes los artistas se “editaban” más, se recontruían demasiado a sí mismos retrospectivamente.
Esa es una actitud muy vieja. Hoy, simplemente, seguimos. Probamos y seguimos.
Noto eso en las obras de Amadeo Azar. De Eduardo Navarro. Suceden. Se suceden. Son importantes en todos sus espacios detenidos. No importa. Porque lo que se lee es la continuidad. El trazo sostenido.

Todos estos días mi cabeza convivió con la impresión de retinas hipnotizadas: el transcurrir de Juan Allaría. Porque en la obra de Juan todo transcurre. En otras obras una tiene que ver bien dónde está el foco, cual es el objetivo.
Con Juan avanzamos a otro estado, mucho más dinámico y vedettista, con una histeria mínima.
Juan capta la perfección milimétrica del caos moderado. Nunca el gran caos, pero menos aún la tranquilidad.
Juan sigue. Vemos el movimiento global de cada obra afectar a las demás. Una gran opera, en todo sentido.
Admiro a Juan Allaría, admiro esa agitación calma de sus pinturas tan pobladas.
Admiro el tesón.
Porque de eso se trata. De qué manera se descubrieron las morisquetas del destino, en que tiempo compartido.
Siempre esa multitud que más parece un mosaico de posibilidades. Incluso en el ojo de esa pequeña masa.
Y Juan es el radar que no se pierde detalle.
Que todo lo capta.
Sin necesidad de fabricarse ejemplos en contrario.

lunes, 29 de octubre de 2007

Trazos de chicas

Pienso en todo lo que nos deja la idea palabra trazo. Nuestra vida es un trazo. Un dibujo es un trazo pero nuestra caligrafía también. Un trazo es una huella, pero al mismo tiempo es la condición de nuestro estilo. Digo ¿¿qué tiene de particular el trazo de las chicas?? ¿¿De qué otras cosas participa ese trazo??
Me despierto sabiendo que, más allá de las preferencias políticas, de los odios y las adhesiones, en Argentina el próximo presidente será una mujer. En Chile también el presidente es una mujer. ¿¿Qué tiene de diferencial sus trazos??
Me gusta investigar como las chicas construyen el trazo de chica. Cuales son los mecanismos. Desde Flavia Da Rin a Lula Mari, de Diana Aisenberg a Magdalena Mujica que es la artista que hoy me ocupa, todas estas chicas se piensan y se sienten desde trazos. La divina de Adri Minolitti encuentra piernas en sus trazos. Dibujar es una forma de construir la vida, como pintar.
Cuando estamos en crisis, lo mejor es dibujar, pintar, escribir. Buscar formas. Dar forma. Cuando estamos eufóricas, cuando todo nos salió bien, cuando queremos festejar y agradecer, nada mejor que seguir trazando, que dibujar, escribir, pintar. No siempre para acumular, para llevar registro. Simplemente para dejar trazos. Para hacerlo circular.
Nuestra existencia es una continuidad de trazos. Obra a obra, prueba a prueba, vamos imprimiendo nuestro trazo a las cosas.
La obra de Magdalena Mujica va develando ese transcurrir del trazo. Porque ya no importa la novedad, sino la hondura de tu trazo.
Ya sé, hondura es una palabra difícil. Pero ¿¿cuál no lo es?? Trazo también lo es. Pero para investigar la hondura y el trazo lo mejor es volver a recomenzar.
Porque el trazo nunca se acaba. Siempre recomienza. Tenemos la impresión de que nuestra vida avanza en capítulos. La pensamos como una narración. Como una película. Pero lo único real es que nunca dejamos de realizar trazos. Lo que sucede es que a veces esos trazos no nos interesan. No los recogemos. Los dejamos perdidos.
Magdalena es minuciosa con sus trazos. Todas las nenas son diferentes: nosotras lo sabemos bien. En el trazo de una niña se encuentra todo su adn sensible. Por eso es rebueno volver a revisar la construcción del trazo.
En uno de los últimos post ¡¡ya hace tanto y sin embargo tan cerca!! me referí a la obra de Nat Oliva / Fortuny. En sus fotografías de mundos digitales también explora un trazo. Porque siempre hay un trazo antes que nosotras. Y sin embargo, sabemos que cada mañana comenzamos la tarea de diferenciar ese trazo, el nuestro, aunque no sea algo que hagamos como obligación. Es al revés: nos encantaría que nuestro trazo sirva para desanudar. Para deshacer y volver a construir. Por eso las niñas, una vez más. Las niñas realizadas por lo que queda en nosotras de niñas. O contra. No sé. Pero las niñas no se acaban jamás porque el trazo no se acaba.
Porque Barbie no es nuestro trazo. Porque no queremos.
Porque buscamos en tantos rostros y cuerpos el enigma de la madurez (Lula Mari), del ser una misma (Flavia Da Rin), de un universo que nos contagia (Adri Minolitti), de una vida que nos desborda (Diana Aisenberg) y de un estilo que nos dispare (Magdalena Mujica).
Chicas: nada supera nuestro trazo.

jueves, 18 de octubre de 2007

Tuneando las actualizaciones del presente

Holiiiiiiiiii!!
Cómo están, tanto tiempo!!
Mao y Lenin no es un proyecto comercial, es una parte de mi cerebro y mi corazón, una cuota reimportante de lo que soy expuesta en un blog. No podría transformarse jamás en una obligación. Muchas veces confundimos obligación con necesidad y no tienen mucho que ver. A la necesidad no la obliga nadie. Soy de las que creen que una elige su necesidad. Y por eso se vuelve aún más necesidad.
Escribir es parte de un biorritmo. Nuestras emociones se toman su tiempo para volverse palabras. Esto que escribo no tiene nada de metafórico. Y lo digo precisamente porque estuve una vez más exiliada, y durante mi exilio de internet recibí un montón de mails. ¡¡Y me encanta recibirlos!! Y les agradezco porque absolutamente todos tienen muy buena onda.
Chicos: estoy rebien. Yo también los extraño pero necesito guardarme, pensarme.
Ustedes saben que cuando me pica el bichito de la necesidad ya no paro. Escribo y escribo. Porque no puedo hacer otra cosa. Lo mismo que me sucede cuando necesito replegarme, como todo este tiempo. Todos los períodos de una vida son especiales. Por suerte. Así pienso y siento yo. Y soy muy consecuente con esto.
Ya lejano el episodio Second Life les cuento: al final la gente que hace Argentonia no tenía nada que ver con mi exclusión. Todo solucionado. Pero eso no tiene nada que ver con que no me guste mucho ese mundo virtual. Por ahí más adelante hay otros que me gustan más. No sé, no logro engancharme. Como si me pasó cuando conocí la obra de Alejandro Thornton. Será que tengo una especial predilección por el dibujo. Hay algo tan inmediato, tan espontáneo en los trazos de Alejandro que hace que me guste muchísimo lo que hace.
Pertenece a los sueños visuales de una generación. Su estética es pariente de muchas otras que conocemos bien y son parte de la escenografía de esta década. Es un estilo muy 2000. Y desde los detalles, Alejandro tunea su personalidad. Me reinteresa esto del dibujo como tuneo, como forma de personalizar arte de una época. Max Gómez Canle hace lo mismo pero con el arte del pasado. Vuelve reactual pinturas de otras épocas. Alejandro vuelve actual el presente. Es muy loco esto de actualizar el presente. En esta actualización de sí mismo por medio de imágenes familiares a todos nos dispara más pistas sobre cómo vivir el presente. Sobre sus formas. Pertenece a un grupo diverso de artistas que se apropian de las imágenes circulantes para interrogarlas.
Alejandro vuelve artesanales imágenes que habitualmente apareen ante nuestros ojos con otros medios. No las vuelve más virtuosas. No, sino más personales.
Conocer sus dibujos fue una lección para mi escritura. Me gustaría mucho lograr con mi escritura lo mismo que él hace con sus imágenes: captar lo más cotidiano de una expresión o la expresión de lo más cotidiano de una época y hacer algo repersonal con eso.
Una sintonía que me emociona. Y no sé muy bien por qué.

miércoles, 10 de octubre de 2007

La belleza y el asco detrás de la tecnología


La verdad es que lo virtual no me entusiasma mucho. Es más: desconfío bastante. Creo que es una trampa, algo que nos aleja de algo que nos es muy propio como seres humanos y que con su irrupción perdemos parte de algo que realmente no está bueno descuidar, que es la inmediatez, el contacto inmediato que cada vez tiene más instancias intermedias. No se, no me copa mucho que las amistades y relaciones estén siempre mediatizadas por pantallas y máquinas. Pero aún así es verdad que éstas nos ayudan un montón y que hoy nuestra vida ya no sería lo mismo sin ellas. No tengo nada en contra de la tecnología, al contrario. Pero cada vez estoy más convencida que la tecnología sólo ayuda a acelerar instancias, pero que no es la solución de fondo de nada. Hay muchos chicos que conozco que son tan copados de la tecnología que ven en ésta algo así como una redención en cuotas. Es cómico que diga esto justo yo que me estoy comunicando con ustedes desde un blog, pero es por lo mismo, para mí internet es como un lavarropas o un portero eléctrico: una máquina para utilizar. No le encuentro mucha mística. Por todo esto Second Life no me copaba mucho. Pero como tampoco sabía demasiado, no opinaba. Esta semana me pasaron dos cosas muy intensas al respecto y vinculadas entre sí. La primera fue conocer la obra de Natalia Oliva y enamorarme.
Esa chica es divina: produce unas imágenes maravillosas, increíblemente bellas. Natalia está exponiendo en este mismo momento un conjunto de obras que son de una sensibilidad impactante. Es ahí donde la tecnología me gusta: cuando hay detrás una mirada sensible, hermosa. Porque siempre hay un ser humano detrás de la tecnología y muchas veces perdemos de vista esto. No me importa demasiado la tecnología en sí sino quién está detrás. Si toda la tecnología del mundo estuviera en las manos de gente como Natalia el mundo sería mucho mejor. Pero no es así. Quedé tan fascinada con sus imágenes que finalmente vencí el prejuicio y me metí en Second Life. Hice mi avatar y como había leído algo sobre un sitio que se llama Argentonia para ahí fui. Y fue una experiencia horrible. Espantosa. Todo lo contrario a lo que había experimentado con las imágenes de Nat. Me trataron tan mal, se burlaron de mi con un machismo tan asqueroso, me discriminaron de tal manera como hace rato no me maltrataban en la real life. Como me defendí y los insulté luego de que el ambiente se ponía tenso, estos dos avatares que dijeron ser los dueños de este sitio me prohibieron la entrada. Si hoy quisiera entrar a Argentonia no podría, ya que hay un cerco electrónico que me lo prohíbe. Los odio y mucho. Entré a ese mundo virtual creyendo que encontraría a mucha gente como Natalia Oliva y finalmente descubrí que toda la misma estupidez o peor se encuentran de ese lado del espejo.
Pero también es cierto: una sensibilidad como la de Natalia vale por un millón de Second Life.