¡¡Qué difícil es lograrlo!! ¡¡Dificilísimo!! Muy complicado, pero muy muy muy. Por eso admiro tanto a Rosana Schoijett. Durante mucho tiempo miraba sus fotos y no me pasaba nada. De nada. Y de repente ¡¡clack!! la cabeza me hizo un giro de 360 grados. Me voló la cabeza. En cinco millones de pedazos. Así es la obra de Rosana: cuando te pega, es bestial. Pasé de la indiferencia a adorarla. Porque la adoro.
Hay veces que vemos bien la obra de un artista.¿¿Qué quiere decir ver bien?? Fácil: ves justo la obra que tenés que ver y entendiste todo. Pero otras veces es al revés. Las primeras fotos que vi fueron las que Rosana presentó en el Malba, con la curaduría de Alberto Goldenstein (un maestro). Me parecieron divertidas: hasta ahí. No mucho más. Me sacaron una sonrisa.
Después vi otras fotografías. Todo bien. Pero no me pasaba nada. Que había calidad, sin dudas la había. Pero podía prescindir de sus imágenes.
La instalación fotográfica que hizo en ArteBA me gustó mucho. Me inquietó. Me empezó a ganar. El bichito de la curiosidad comenzó a plagarme de nidos.
Y después me encontré con esta serie. Fui descubriendo aquí y allá sus viejas series. Y cada vez me rompía más la cabeza. Me costó entender a Rosana, pero valió la pena todo ese esfuerzo. Revalió la pena.
Una amiga tiene en un cd las fotos que presentó en la Beca Kuitca (me pidió que no lo diga ¡¡perdón!!) pero me emocionaron tanto que me hicieron llorar.
Rosana tiene una sensibilidad increíble.
Increíble.
Hace unos días volví a ver las fotos que ilustran el libro de Kacero. Las miré con el detenimiento que no le había dedicado la primera vez.
Rosana es una genia.
Pero muy genia.
Dueña de una obra por la que tiene que ser considerada, hoy por hoy, maestra.
Porque es lo que todos queremos.
Todos.
Que haya muchos artistas que aprendan de ella.
Si esto sucede, nuestro arte, que ya es muy bueno, sería todavía mejor.
I love you, Ros!!
1.000.000 Kisses!!
martes, 7 de agosto de 2007
Lo impecable multiregistro ¡¡y yo plagada de nidos!!
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Anita
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22:27
lunes, 6 de agosto de 2007
Las recetas cariñosas y la cita difusa
A veces pienso que el arte es siempre reformulación. Como cuando comenzás a cambiarle el aspecto a tu blog o a tu computadora: elegís tus colores, tus íconos de escritorio, la tipografía, el tamaño de ésta, etc. Tomás decisiones formales dentro de un número de posibilidades que otros artistas fueron explorando antes.
Me parece muy estimulante esto de empezar a explorar una fórmula para tunearla, volverla tuya. Nuestro genoma también es una fórmula que nos hace únicos. Con nuestro arte hacemos algo parecido: modificamos la fórmula, hacemos que la receta se vuelva cariñosa. Nuestro genoma debería ser una receta cariñosa.
Estoy copada con la obra de Leonardo Garibotti. Es un tipo de pintura que podrían haber realizado artistas de la generación de su abuela o bisabuela ¡¡y esto es lo que me encanta!! Va hacia su receta cariñosa y la lleva bien lejos en lo afectivo.
Un artista no está obligado a hacer cosas que se vean como nuevas, sino que estén cerca de su exploración del mundo. Todo el tiempo vemos obras que se quieren recontemporáneas y no tienen nada de interesante.
Cuando una ve las obras de Leonardo Garibotti tiene la impresión de haber visto su pintura en millones de lados. No tiene ninguna pretensión de traer una novedad al planeta sino acercar un tipo de afecto distinto.
Leonardo es sin dudas un muy buen observador. Cada uno de sus rostros me hacen viajar a decenas de imágenes que vi durante toda mi vida. Es muy alucinante cuando una obra nos hace visitar la historia del arte sin una referencia precisa. ¡¡Nada que ver con una cita a un artista determinado!! Porque cuando la receta se vuelve cariñosa, cuando la fórmula está tuneada, la cita se vuelve difusa. ¡¡Y esto es una ganancia!! Nos pasa todo el tiempo cuando escuchamos una buena canción: en cada canción suenan muchas otras canciones. Un estribillo o un sonido la linkean con nuestra memoria. Adentro de cada canción se esconden decenas de otras canciones. Lo mismo pasa con las pinturas de Leonardo: son como un Arca de Noe. Eso es lo precioso: cada pintura suya saca de paseo un montón de imágenes antiguas.
Como nosotros, que dentro nuestro llevamos todos los que fuimos.
Por ahí en alguna época se invente una máquina que nos permita ver con claridad absoluta el niño que llevamos dentro.
Mientras tanto, Leonardo nos aproxima a esa sensación con una calidez que nos pone contentos.
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Anita
a la/s
13:30
viernes, 3 de agosto de 2007
Todo chiquitito y cortito. Borrador.
Sí. Todo rechiquito. Pero es sólo por las fotografías que conseguí ¡¡Daniela poné fotos más grandes en el blog!! Como son las únicas que había disponibles, van chiquitas. Dani: cuando leas este post o alguien te avise, por favor mandame las fotos en un tamaño más grande así las cambio.
Yo creo que estos dos momentos, los que las fotos retratan, son dos momentos geniales. Una, la visita de Francis Ford Coppola a la galería. Impresionante. Tener al director de La ley de la calle y de Drácula es un lujazo (son dos de mis películas clásicas favoritas). Cuando me contaron no lo podía creer. ¡¡Más que merecido!!
Y el otro momento es esta imagen de una de las mejores obras que vi este año, sino la mejor. La del video de Victoria Colmegna, que si mal no recuerdo se titula Las Arañas. Estoy tomando notas para escribir algo largo sobre este poema visual perverso con el que ya soñé varias veces. Todo en él es imperdible.
Así viene el posteo de hoy.
Por otra parte, estoy muy cansada.
Voy a tomarme el fin de semana libre.
¡¡Además se terminan las vacaciones!!
Bueno, nada más.
Sí, perdón: Dani, cuando puedas no te olvides de mandarme las fotos grandes y el título del video.
Muchas gracias!!
More Kisses!!
PD2: Dani, yo de nuevo. Ahora que vi las fotos publicadas, no están nada mal de tamaño. Así que no me mandes las mismas de nuevo, sino que mandame más del video de Victoria sobre el que quiero escribir. ¡¡Gracias genia!!
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Anita
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2:03
jueves, 2 de agosto de 2007
Mi almanaque metafísico favorito
Para algunos artistas su mundo es claramente geográfico. O por ahí nosotros lo vemos así y para ellos esto no tiene una importancia capital. Pero para los que contemplamos sus espacios todo resulta tan ubicable que podríamos recorrerlo en sueños. Y es lo que hacemos.
No me canso de recorrer el Planeta Minoliti. Si fuera por mí, le dedicaría un blog entero. Los lunes escribiría sobre sus paredes y ventanas. Los martes sobre sus plantas. Los miércoles sobre sus calles embaldosadas. Los jueves sobre sus piedras. Los viernes sobre las piernas que no se cansan de recorrer. Los sábados sobre sus cielos fabulosos. Y los domingos sobre ella.
Y podría repetir la rutina una y otra vez sin aburrirme.
Adri habita un mundo que es un escenario interminable: el sueño de cualquier director de cine. No vemos seres, salvo las piernas. Unas piernas preciosas, siempre cruzadas.
No hay seres y sin embargo todo está lleno de vida. Una vida lenta, subterránea. Una vida que espera que la descubran, que la contemplen. El mundo de Adri tiene sus modos: observa, escucha, rompe el silencio cuando es necesario.
Todo está poblado de melodías. Cada una de sus imágenes son canciones que recorren los ojos y avanzan sobre el resto de los sentidos. Adri avanza para atrapar una sensación. Una por una, todas sus pinturas lo son. Cada cuadro una sensación diferente. Al principio se parecen. Y poco a poco te van hipnotizando y vas encontrando mundos dentro de los mundos. Lo suyo es minimalismo metafísico. Porque el minimalismo nos obliga a ser minucioso, a prestar atención a cada detalle. Y metafísico porque siendo como es un planeta de puras superficies, cada una de las cosas que habitan sus imágenes avanzan hacia lo desconocido.
Porque en las pinturas de Adri lo conocido se vuelve extraño y lo extraño lo sentimos familiar, Y en este cruce va encontrando su estilo.
¿¿Será que sus cuadros se le parecen o que ella se parece a sus cuadros?? Cualquiera de las dos respuestas es incorrecta. Ella se ubica justo en el cruce, en el exacto punto intermedio. Una vez que nos damos cuenta cada imagen va logrando otra voz, una profundidad diferente.
Ayer o anteayer Diana me recomendó el blog de Pinola, sobre el que escribiré pronto. En uno de sus últimos post, Pinola homenajea a Adri con una remera. Me dan ganas de usarla. No estaría nada mal fundar el partido minimalista metafísico.
Voy encontrando en su pintura un grado exacto entre Morandi y Carrá. Me encanta: a veces nos pasamos horas tratando de adivinar si en el Planeta Minoliti es el mediodía, es la tarde, de noche o madrugada.
Después nos damos cuenta que siempre o casi siempre son todas las horas juntas.
Como un rebaño sensible e inteligente.
Como nosotros, que no queremos despegarnos de sus cuadros.
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Anita
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2:54
miércoles, 1 de agosto de 2007
Distrayendo anzuelo y descubriendo
Nos pasa todo el tiempo. Vemos una obra cualquiera y nuestro cerebro intenta clasificarla comparándola con otra obra que conocemos. El link está ahí, ya preparado. Es nuestro anzuelo. Como espectadores estamos preparados para morder el anzuelo. No es nada agradable pensar en la obra como una carnada, pero me gusta decirlo así, es más violento y me sirve.
Los espectadores más interesantes sin dudas son aquellos que le encuentran a la obra un destino más agradable que el de mera carnada para completar el cuadro de la teoría del arte, o de la historia del arte.
Y como quiero ser una espectadora interesante, me pongo las pilas para hacer otra cosa. Frente a la obra lo primero que hago es no interpretar. ¿¿Será lo que aconseja Susan Sontag en ese libro que no leí??
Trato de no acercarla demasiado a mi experiencia. Eso lo dejo para un segundo momento. Primero me abandono a la intuición.
De Gisela Filc no sé nada. Jamás había sentido hablar de ella. Pero veo sus fotografías en el Proyecto Panda y me vuelan la cabeza.
El Proyecto Panda es increíble. Son obras rebuenas, todas. La selección es super exquisita.
Es imposible que las fotos de Gisela no te remitan a algo. Son imágenes universales, la mayor parte de las veces, atemporales.
En el arte contemporáneo se suelen desatar dos furias simétricas y opuestas: una furia por el presente/ futuro, por ganar territorio en el porvenir tecnológico y por otra parte un ir hacia lo artesanal, a la historia del arte, a lo conocido. Adoro la tercera posibilidad, que es este huir de las fronteras que delimitan el tiempo.
De todas formas, siempre hay algo, algún detalle que nos proporciona una pista de la época de la toma. Pero gana ese apostar a un bosque, una niña, el campo en un día nublado, una chica saliendo del agua en una playa de piedras grises, y todo así. Eso nos emociona: es hermoso. Son imágenes no muy diferentes a las que pudieron ver nuestros papás cuando eran chicos.
No es nada fácil lograrlo. El tiempo no se deja suspender. Sin embargo, Gisela lo logra. Es como leer un libro antiguo y sentirte identificada.
Es obvio que estas fotos me recuerdan como a vos momentos de tu vida. Algo que viste un millón de veces o una, pero que te habla directamente a los sentidos. Pero más que meterme en mi experiencia individual me conectan a una experiencia colectiva y a la vez privada.
¡¡Qué genia que es Gisela!! Hay que ser recapa para hacernos olvidar del anzuelo y sugerirnos tantas cosas. Cada foto de Gisela es un descubrimiento.
Y es que lo universal o fuera del tiempo, que no es lo mismo pero en este caso por ahí sí, es lo que logra que el tiempo quede entre paréntesis.
Las fotos de Gisela son clásicos instantáneos.
De una simpleza y profundad alucinantes.
Qué bueno poder estar ahora y acá para disfrutarlas.
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Anita
a la/s
1:11
